CUANDO EL SEÑOR LIMPIA
COMIENZA DESDE ADENTRO


A fines del año 2000 comenzó a gestarse un proceso de clamor al Señor que se canalizó por medio de reuniones de oración a la que estábamos invitados, en especial, Pastores de la Ciudad de Córdoba pero que se amplió a hermanos de distintas congregaciones. Los motivos de oración fueron la situación social del país, la pobreza creciente, la desocupación, la inmoralidad reinante en una amplia franja de la juventud que prefiere, al parecer, aturdirse con alcohol y música barata en lugar de buscar la única salida que existe: el Camino del Señor; muy pocos orábamos, sin embargo, a causa de la condición de la Iglesia del Señor. También se presentó una duda: ¿Cómo orar por las autoridades, conforme a la voluntad de Dios, si muchas de éstas representaban mejor a la desfachatez, la corrupción, la inmoralidad, la hipocresía o la mentira que a la rectitud, la integridad o la justicia ? En esto estábamos cuando entendí en mi espíritu que deberíamos orar pidiendo al Señor que sostuviera a los hombres de principios morales que se encontraban en funciones de gobierno y quitara a todos los soberbios y corruptos que solo buscaban satisfacer su codicia. Nunca imaginamos que con el correr de los días nuestro país se sacudiría de la manera en que lo hizo, ni que veríamos ascender y caer vertiginosamente a tantos hombres de la política, como parte de un proceso iniciado que no solo alcanzará a las autoridades del país sino que afectará a la Iglesia misma en toda su magnitud, comenzando con sus autoridades mismas, porque sabemos que cuando Dios comienza el juicio lo hace por su propia casa ... y el juicio ya comenzó.
La manifestación del juicio
de Dios
Porque dos males ha hecho mi pueblo: me
dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron
para sí cisternas, cisternas rotas que no
retienen agua. (Jeremías 2: 13)
El apóstol Pablo escribe a Timoteo diciéndole que “ los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se le descubren después ” y que de la misma manera “ se hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera ( es decir las que son malas ) no pueden permanecer ocultas ” ( 1ra. Timoteo 5: 24 y 25 ). De esta lectura surge claramente cómo aparece en sus dos vertientes el juicio de Dios sobre los hombres en general y sobre su casa en primer lugar y en especial :
1) Los actos malos, no los errores involuntarios, de los hombres corruptos que se esconden muchas veces en el ministerio, a partir de un momento no pueden ser disimulados más y salen a la luz. Este “salir a la luz” es el primer paso del juicio de Dios dentro de su casa, es la primera victoria de la verdad sobre la simulación y la lleva a cabo el mismo Espíritu de Dios quien guía las cosas para que aparentemente “ por sí mismas ”, “ de manera casual ” se hagan visibles, aún las que parecen estar mejor escondidas. A la vista de los hombres la situación aparecerá como la consecuencia de haberse escapado del control de quien las cometía para volverse en su contra , en realidad lo sucedido estuvo siempre en control del Señor quien, ante la hipocresía de quien las cometía guió el desarrollo de los hechos para que terminaran con una exposición abierta del malvado.
2) También hay otra forma de juicio de Dios sobre su casa , es el que se pone en marcha por medio de la intervención oportuna de los hombres que él llamó al ministerio, a quienes puso también para juzgar las cosas entre los hermanos . Estos, ante la presencia visible aquellas cosas contrarias a la voluntad de Dios que algunos de sus ministros practican, deben exponerlas como malignas en la búsqueda del arrepentimiento de quien se corrompió o de su separación del campamento de Dios. Otras veces deben seguir la revelación de la intuición espiritual a pesar del consejo negativo de la razón humana.
En nuestros días el
juicio sobre la casa de Dios, la
Iglesia, recién ha comenzado. Pecados de
avaricia entre sus ministros serán expuestos
públicamente, los pecados de mentira sobre
el verdadero destino de los fondos que
fueron recaudados con esfuerzo y a veces
con dolor , aparecerán ante los asombrados
ojos de las congregaciones. Pecados de
lujuria, fornicación y adulterio entre los
ministros serán profusamente difundidos y
avergonzarán a todos haciendo de la
Iglesia un triste espectáculo en el
mundo a través de programas
televisivos de mucha audiencia. Serán de
tal bajeza que aún implicará a niños
entre sus víctimas, pero de entre
todo esto saldrá una Iglesia renovada
en la Verdad y comprometida con la
Verdad aunque de gran pobreza material. Esta
Iglesia contrastará con la opulencia de
aquella en la que se predicará con
cada vez mayor énfasis una prosperidad
reñida con la Palabra de Dios ya
que seguirá emparentada con hombres
corruptos que la avergonzaron mas de una vez a
causa de sus mentiras pero que continuarán
enquistados en las cúpulas dirigentes. Esta Iglesia pobre
será acusada por la “iglesia triunfalista”
como vacía de la verdadera fe, como
“legalista” y se alegrará de
que esté viviendo tal pobreza material
porque entenderá que es la lógica
consecuencia de no haber aceptado sus
novedosas y exitistas doctrinas. La Iglesia
comprometida con la Verdad estará ajena a
toda relación con los poderes políticos
y religiosos mas variados adonde hoy
se la está llevando pues aparecerán en
ella hombres de sólida fe que serán
guiados solo por el Espíritu del Señor.
No todos los pecados sexuales saldrán
a la luz, muchos que son
practicados dentro del matrimonio no serán
expuestos pero producirán un efecto
corrosivo tan grande en la vida
espiritual y moral de los ministros que
literalmente hará que sus ministerios se
esfumen sin que nadie acierte a saber
qué fue lo que ocurrió y lo
atribuirán a “las presiones sufridas ” cuando
en realidad la causa se encontraba en
las prácticas aberrantes de su vida
conyugal. Hay un pecado que muy grande
delante del Señor, ha venido sobre
muchos de quienes ayer fueron fieles
cuando vivían en la pobreza pero que
habiendo sido esta reemplazada por la
tranquilidad económica de hoy, ha
determinado que muchos de sus ministros
con demasiado tiempo libre se transformen
en hombres de la noche que se
pasean en la ciudad , expuestos a
ver toda clase de inmundicias y muchas
veces interviniendo pasivamente en ellas ,
porque ya no tienen que madrugar para
traer el sueldo a sus casas. Un
terrible pecado de
mezquina ambición por obtener prestigio
y poder femenino en la Iglesia será
descubierto y se probará su profunda
relación con las tinieblas, y su
capacidad de corrupción por las
consecuencias que traerá entre sus propias
integrantes, ya que habrán caído en
las garras de fuertes espíritus malignos
de rebelión contra sus esposos a
quienes despreciarán en lo profundo de
sus corazones debido a que habrán
dejado de ser las “ayudas idóneas” que
Dios quería para convertirse en las
destructoras competidoras que extorsionarán a
los maridos con revelar secretos que
aunque no sean pecados dignos del
juicio de Dios sobre su casa,
representarán, sí, la inevitable cuota debilidad
humana en la persona de aquellos a
quienes el Señor llamara. Antes que estas
cosas ocurran , muchos hombres de Dios
habrán sufrido en la intimidad de sus
hogares mucho tiempo por la arrogancia
y el orgullo espiritual de sus
esposas, quienes creyendo ser poseedoras de
una espiritualidad mayor que las de
sus esposos los atormentarán continuamente
hasta el día del juicio que ya
se desató pero que aún no las alcanzó.
Los ministerios se debilitarían si Dios
consintiera en permitir la permanencia de
un serio pecado en los ministros que él
llamó, es el de aceptar que continuaran
nombrando a sus hijos y parientes
cercanos en lugares de autoridad en la
Iglesia , por lo tanto, no habiendo
atendido la voz del Señor, muchos de
esos jóvenes, no llamados por Dios
sino por sus padres o parientes que
sí lo fueron caerán en pecados de
inmoralidad que avergonzará a sus mayores
y que hará inevitable la salida de
ellos del ministerio, con lo que
quedarán libres los caminos para aquellos
que sí fueron llamados por el
Señor pero que habían sido obstaculizados
por ciegos ministros que anhelaban para
sus hijos y parientes aquellos lugares
que son patrimonio exclusivo de la
voluntad del Señor entregar a quienes
elige. Hay un oculto pecado de
soborno dentro de la Iglesia que
deberá salir a la luz, no utiliza
dinero para comprar el silencio sino
una condición : la amistad humana. Mucho
silencio se ha comprado utilizando las
treinta monedas de la amistad humana
olvidando que quien se hace amigo de
los hombres para ocultar pecados no solo
participa de ellos sino que se hace
enemigo de Dios. Se ha utilizado la
confianza entre amigos que debe existir
en el ministerio para extorsionar a
otros ministros transformándola en una complicidad
perniciosa que produce a quien la
sufre una crisis de conciencia entre
el deseo de sacar a la luz lo
que sabe y la tendencia a
sentirse un traidor si lo hace. Debemos
reconocer que solo nos debemos al Señor y a
su Palabra. Nuestro mayor compromiso es
con la Verdad y no con los
hombres, pues ella es quien nos
da la libertad. Existe un serio
pecado de insensatez entre nuestros
“jóvenes estandarte”, se manifiesta en
el hecho seguir líneas de acción que
nunca probaron y directrices novedosas cuyos
slogans repiten a la manera de un loro
sin saber qué es exactamente lo que
están proponiendo pero aún así multiplican
las propuestas sin saber su verdadero
origen, trayendo confusión a los jóvenes
pero atrayendo para sí mismos una
mayor porción de responsabilidad por ella.
Más difundido aún es el pecado de
liviandad sexual en el que viven
muchísimos de nuestros jóvenes. Esto avergüenza
al Señor y contrista su Espíritu.
Irresponsablemente gran cantidad de Pastores crean
las condiciones para que hasta en los
mismos recintos de los Templos se
preparen las cosas para que estos
pecados, incluido el de fornicación se
concrete, ya que fomentan “trasnochadas
evangélicas” permitiendo que jóvenes parejas
anden en la noche mientras su padres
los creen “en la Iglesia”.
ESTA ES UNA
EPOCA DE ALINEAMIENTO DEFINITIVO
Todo período de
juicio registrado en las Escrituras impuso
a esa generación una condición común:
la elección. El Profeta Elías se
enfrenta con el pueblo y le grita:
“¿ Hasta cuando claudicaréis vosotros entre dos
pensamientos ? Si Jehová es Dios seguidle;
y si Baal, id en pos de él ” ( 1ra.
Reyes 18: 21). Juan el Bautista tiene
una proclamación similar cuando reprende a
las multitudes diciéndoles : “ ¡ Oh generación
de víboras ! ¿ Quién les enseñó a huir
de la ira venidera ? Hagan, pues,
frutos dignos de arrepentimiento y no
digan dentro de ustedes mismos: Tenemos a
Abraham por padre ...” ( Lucas 3: 7 ). El
Apóstol Pablo dice cosas similares: a
los gálatas les llama “insensatos” por
su actitud pendular; a los corintios
“carnales” por sus disensiones, contiendas y
partidismos; a Timoteo le ordena apartarse
de quienes “enseñan otra cosa y no se
conforman a las sanas palabras de
nuestro Señor”; a Tito lo fortalece
para que “deseche” a quien después de
una y otra amonestación por causar
divisiones no se corrige. Es decir
que cada vez que Dios debía intervenir
ponía delante de los hombres los dos
caminos, las dos opciones ... Estamos en
una época así en estos días
y es así porque lo
hemos pedido al Señor orando. Vivimos
en medio de una época en la que
el pecado actúa de acuerdo a las
circunstancias: intentando introducirse sutilmente cuando
encuentra resistencia o ingresando groseramente
donde se lo tolera o no se lo
tiene en cuenta como algo peligroso.
Debemos recordar que
el mayor problema del pecado,
que puede afectar nuestro propio hogar
e hijos, no es solo su condición
o presencia , aunque sabemos que hay
algunos cuyas consecuencias pueden ser
absolutamente destructoras, sino
qué hacemos con él una
vez detectado. Para tratar con el
pecado solo tenemos dos caminos : a) Lo
exterminamos bajo la exposición de la
luz de la confesión aunque resulte
doloroso. b) Lo aceptamos, pactando
bajo sus condiciones y le dejamos permanecer
con todo su activo potencial de destrucción,
ocultándolo bajo los principios mezquinos de
una discreción cómplice que se disfraza
de piedad y comprensión para el pobre
pecador pero que en realidad esconde
una tolerante sociedad con él aunque
Dios lo aborrezca.
Conclusión .
Lo expresado aquí es el resultado de un día de gran preocupación por el estado de la Iglesia del Señor, fue el 08 de Junio de este año 2.002 y solo se lo hice conocer a un Pastor amigo. Entendiendo que no debo ocultarlo, hago conocer a mis hermanos lo que entendí desde el comienzo que el Señor me hacía saber. A partir de ahora queda a su consideración
Córdoba, Noviembre de 2.002.
Pr.
Horacio Pastor