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EL PROYECTO QUE PUDO SER ( 13 JULIO 2008 )
DOS TIEMPOS , UN MENSAJE ( 18 MAYO 2008 )
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EL PODER DE LA DEBILIDAD ( 30 MARZO 2008 )
LAS DOS GRANDES HERIDAS DE LA HUMANIDAD ( 23 MARZO 2008 )
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- TESTIMONIO PERSONAL-
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Pentecostés...
El encuentro de la promesa de Jesús con la respuesta
del Padre a su oración.
El texto fue preparado por el Pr. Horacio Pastor, actual Presidente de la Asociación de Iglesias de los Cristianos de la Fe Evangélica y fue la base del mensaje predicado en la celebración de Pentecostés que se realizó el 25 de Mayo de 2007 en la Ciudad de Lanús, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.
Se lo pone a disposición de los lectores con el propósito de servir a la edificación de la Iglesia del Señor.
PENTECOSTÉS.
Ev. de San Juan 17: 1 – 3; 7 – 10; 14 – 24 .-
Hechos de los Apóstoles 2: 1 – 11; 14 – 18; 36 – 42 .-
Pentecostés, la antigua Fiesta de las Primicias en la que el énfasis se ponía en la gratitud a Dios por los primeros frutos con los que habían sido bendecidos y no a los árboles, la tierra o las semillas que los producían fue el punto de partida para que la Iglesia del Señor comenzara con su tarea específica: predicar el evangelio de Jesucristo.
Es que a diferencia de las culturas conocidas y aún las desconocidas por entonces, el pueblo hebreo reconocía desde los días del éxodo que los frutos de la cosecha no se debían a los propios esfuerzos ya que ellos por sí mismos no podían lograr que lloviera a su tiempo, que la tierra fuese fértil, que las langostas no los invadieran o que los pueblos vecinos no los atacaran para robarles, sino que todo se lo debían a la intervención del Señor a su favor.
Manteniendo el respeto a este principio, es decir, que las primicias de los frutos obtenidos eran el resultado de la intervención del Señor y no la consecuencia de estrategias, esfuerzos o planes propios, la Iglesia iniciaría la enorme tarea de predicar el evangelio y, naturalmente, dejando los resultados que se obtuvieran, como siempre había ocurrido, a la sobrenatural intervención del Señor. Es por esto que tras el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la tarea evangelística leemos “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). El resultado de vidas salvadas y añadidas a la Iglesia, tal como los primeros frutos cosechados a lo largo de toda la historia de Israel no se debían a estrategias terrenales o a propósitos multiplicadores humanos sino, como siempre, a la sobrenatural y soberana voluntad del Señor, deseoso de bendecir a quienes obedecen a su Palabra.
De manera que sin que nadie lo pudiera haber anticipado, el Señor había escogido el día de Pentecostés para dar cumplimiento a la promesa hecha pública cuando dijo: “Recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo” y con el cumplimiento de ella se había dado inicio al propósito que tenía: “y me seréis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra ...” ya que al dar el Señor semejante poder a la Iglesia no fue para que simplemente lo luciera, sino para que pudiera ejecutar adecuadamente la tarea que ningún otro fue podría cumplir: predicar el evangelio de Jesucristo para que todos aquellos que crean en él no se pierdan sino que tengan vida eterna.
Es por eso que hoy debemos reconocer que no es suficiente que recordemos aquel hecho sino que mantengamos vigente el “por qué” del hecho...
No es suficiente que reconozcamos que tenemos el poder del Espíritu Santo sino que no olvidemos el “para qué” fuimos revestidos de tal poder...
Así como la Fiesta de la Pascua conmemoraba la primera que marcó el punto final de la esclavitud en Egipto y el comienzo de la libertad, pero sin olvidar el “por qué” manifestado por el Señor a Faraón: “...deja ir a mi pueblo para que me sirva ...” (Éxodo 9:13); el día de Pentecostés después de la Resurrección del Señor recuerda el final del breve período de diez días sin él en la tierra y la llegada del Espíritu Santo, pero sin olvidar que el cumplimiento de la promesa tuvo como propósito exclusivo revestirnos del poder necesario para “ser testigos de Cristo”, poder que no es para Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores o Maestros sino para todos los cristianos.
Por eso es que el bautismo en el Espíritu Santo y el ser llenos de él no puede entenderse como una opción sino como una condición que solo puede ser realizada por el Señor porque es para el mejor servicio de su obra, por lo tanto Pentecostés no debe recordar solamente un suceso del pasado sino que debe afirmar cada año que aquello que sucedió históricamente y por primera vez en el pasado es presente continuo porque Jesucristo, que fue quien hizo la promesa, es el mismo ayer, hoy y por los siglos ...
En cada Pentecostés se debe mirar y recordar el ayer de la llegada del Espíritu Santo...
Vivir el hoy de la plenitud de su presencia...
Y esperar el mañana cuando a la final trompeta cese para nosotros la obra y pasemos a la eterna presencia del Señor, porque en definitiva, Pentecostés también fue un sonido de trompeta que será completado por el de la última con la que Dios concluirá su sinfonía sobre la tierra; ya que la obra de Dios es una armoniosa sinfonía que continuará in crescendo hasta que el día del Señor resplandezca...
LA ORACIÓN DEL SEÑOR
Cuando el Señor Jesús hizo la oración del capítulo 17 del Evangelio de Juan acababa de finalizar un período de enseñanza en el que por tres veces había dicho a sus discípulos y apóstoles “Estas cosas os he hablado ...”
1. “para que no tengáis tropiezo.” (Jn. 16: 1)
2. “... en alegorías ... (pero) la hora viene cuando ...claramente os anunciaré acerca del Padre.” (Jn. 16: 25)
3. “para que en mí tengáis paz.” (Jn. 16: 33)
Tropiezo, en griego, es “eskandalon” que en principio indicaba la parte de una trampa en la que se colocaba el sebo y luego llegó a significar la trampa misma, de allí que entendemos que el Señor habló para que tuviéramos cuidado para no caer en trampas tendidas por falsos cristos, por falsos profetas o por falsos maestros. Falsos cristos son quienes, aunque se llamen a sí mismos “evangélicos” buscan que los discípulos del Señor los sigan en sus planes, pensamientos y propósitos personales, falsos profetas son los que andan por allí anunciando futuros atractivos que nunca se cumplen porque son opuestos a lo que el Señor anunció y falsos maestros son los que distorsionan la doctrina bíblica para servir a los falsos maestros y a los falsos cristos ... Muchas veces estos falsos ministerios se reúnen en una sola persona.
Alegoría significa “otro hablar”, es decir hablar con hechos ilustrativos como paso previo al de claramente anunciar acerca del Padre ... y finalmente paz, “eirene”, es lo opuesto de aflicción, “thlipsis”, que hace referencia a la presión causada por las circunstancias o por el antagonismo de las personas ...
Habiendo afirmado el Señor que hablaba para que no cayéramos en trampas, para que conociéramos acerca del Padre y finalmente para que comprendiéramos que es posible en él tener paz, aún en medio de la aflicción del mundo, ora al Padre haciendo tres ruegos:
1. Ruega para que habiendo llegado su hora el Padre lo glorificara y así él pudiera glorificarlo también (Vers. 1), tanto como le había dado poder para dar vida eterna (Vers. 2), que consistía en que los hombres conocieran al Padre, el único Dios verdadero y a Jesucristo enviado por él (Vers. 3), habiendo de esta manera glorificado (Revelado) al Padre y acabado la obra (Vers. 4). Como consecuencia, Cristo recibió a aquellos hombres que habían guardado la palabra del Padre (Vers. 6) ya que habían conocido que todas las cosas transmitidas por Cristo procedían de Dios (Vers. 7), las habían recibido y creído que Dios lo había enviado (Vers. 8)
2. Ruega por aquellos doce, setenta y ciento veinte que habían escuchado su Palabra y decidido dejar el mundo al que ya no pertenecían (Vers. 9), que habían sido hasta ese momento por él guardados pero que deberían ser guardados en adelante en el nombre del Padre para que fueran uno así como Cristo y el Padre lo eran (Vers. 11), para que al no ser del mundo fueran santificados en la verdad que es la Palabra de Dios (Vers. 17) porque serían enviados al mundo (Vers. 18) y deberían , en el mundo, ser santificados en la verdad (Vers. 19)
3. Ruega, finalmente por quienes en el futuro habríamos de creer en Cristo por la palabra de esos doce, de los setenta, o de los ciento veinte (Vers. 20) diciendo literalmente: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.
De esta manera queda en claro que la condición para la existencia de la unidad espiritual de la Iglesia tiene que ver con la palabra que aquellos doce, setenta o ciento veinte de la época de Cristo vieron y oyeron, pero que se relaciona con nosotros EN QUE NO SOLO DEBEMOS VER Y OIR UNA PALABRA, SINO QUE DEBE SER LA MISMA QUE ELLOS VIERON Y OYERON (Vers. 21). Solo así se entiende que dijera “la gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno (Vers. 22) y para lograrlo era necesario que los que creyéramos lo hiciéramos “por la palabra de ellos”, estableciéndose así no solo la continuidad del mensaje sino de su integridad y contenido, pero también de la manera de vivirlo y predicarlo. Tal cosa solo era posible por medio de una doble interacción: “YO en ellos, y TU en mí: I) PARA que sean perfectos en unidad. II) PARA que el mundo conozca que tú me enviaste. III) PARA que el mundo conozca que somos amados como Cristo mismo fue amado por el Padre (Vers. 23).
“Ser uno” no es simplemente para que el mundo crea, a secas, como suele pronunciárselo al texto, sino para que el mundo crea que el Padre envió a Jesús, el Hijo...
“Que sean uno” no acepta interpretaciones ni manipulaciones retóricas tendientes a hacer creer que se puede “ser uno” y al mismo tiempo “tener planes propios e individuales”, o “ser uno” y simultáneamente tener prioridades diferentes.
“Ser uno” significa que no existen diferencias, porque de existir, se estará quebrando la esencia conceptual de la significación y porque “para ser uno” no puede quedar lugar para la existencia de diferencias...
Es por eso que cuando se oye repetir “en lo esencial unidad, en lo no esencial libertad y en todo caridad” me pregunto: ¿Qué están diciendo?
Estas palabras no hablan de unidad sino de tolerancia y aunque este sea también un rasgo cristiano, es diferente al de “ser uno” tal como el Señor Jesucristo oró…
Tolerancia es solo un rasgo, una característica cristiana más y por lo tanto siempre menor que el hecho esencial que el Señor pretendía: “que sean uno”, “que sean perfectos en unidad”.
En la oración del capítulo 17 del Evangelio de Juan el Señor habla de la importancia que sus discípulos “sean uno así como nosotros” (Vers. 11) porque esa era una condición esencial para el desarrollo de su plan.
¿Dónde está, en esta oración del Señor, la diferencia entre lo esencial y lo no esencial que tan humanamente algunos exaltan?
En el “ser uno” por el que el Señor oró y que debemos mantener los cristianos sin que para ello se hagan concesiones que mutilen la verdad no hay diferencias, en la tolerancia en cambio sí las hay, solo que deben ser tratadas de tal manera que se les impida crecer hasta tapar la vista y los oídos e interrumpan la comunicación entre los participantes...
Hoy vemos en algunos ámbitos de la Iglesia Evangélica que se ha confundido unidad con tolerancia sin detenerse a pensar que tienen campos de actuación tan precisos como diferentes.
En la oración del Señor para que “todos sean uno”, la unidad es ilimitada, sin fin pero totalmente posible porque se la compara con algo real y existente “... como tú, oh Padre, en mí y yo en ti ...”.
Con la tolerancia, en cambio, siempre debe haber límites ya que al hablar de ella está implícito que para su existencia y aplicación debe haber dirección del Espíritu, intervención de la Palabra de Dios, madurez y paciencia para mantenerla dentro de los límites.
Por lo tanto, cuando de lo que se habla es de “ser uno” debemos afirmar que no puede haber diferencias ni fisuras, porque unidad implica integridad, cohesión, indivisibilidad... Si la unidad de la Iglesia crece continuamente, su parecer se asemejará en forma directa con la condición que poseen el Padre y el Hijo y que produce confianza, unidad de propósitos, discurso único y fortaleza, entre muchos otros logros posibles.
Cuando, en cambio, la tolerancia es la que crece desmedidamente, las bases doctrinales se distorsionan, la ética ministerial se debilita, los límites entre lo sagrado y lo profano dejan de ser importantes y lo mundano y lo que es del Señor se confunden.
Es entonces cuando la libertad se torna libertinaje, la gracia se degrada en la humanista actitud del “todo vale” y la apostólica doctrina bíblica, esa importante columna de la Iglesia del Señor que forma una barrera entre lo santo y lo no santo pasa a un intrascendente segundo plano ya que por haberse deformado el verdadero significado del amor cristiano se permite que la Palabra de Dios, que es en sí misma el límite separador entre lo que proviene de él y lo que es de los hombres, lo que él aprueba de lo que reprueba, la que marca la diferencia entre lo santo de lo profano y entre los que sirven al evangelio de quienes se sirven de él, quede en muchos lugares olvidada y en otros sea solo una mueca distorsionada con la que se pretende reemplazar la verdad de Dios manifestada al hombre por interesados pensamientos humanos...
Si la tolerancia crece, será a costa de la verdad y entonces el humanismo en todas sus manifestaciones será cada vez mas fuerte dentro de la Iglesia, por el contrario, si lo que crece es la idea de “ser uno” como el Padre y el Hijo lo son, veremos día a día una mayor presencia de Dios, seremos testigos de mayores manifestaciones de Dios y una mayor santidad dentro de ella nos envolverá porque para entonces la Iglesia habrá experimentado una gran limpieza de intereses propios dentro de sí misma, pues al hablar de unidad en su oración, el Señor Jesucristo presentó como modelo la que existía entre él mismo y el Padre.
Si el “ser uno” crece dentro de nuestras congregaciones y entre nuestras congregaciones, los Diótrefes no tendrán lugar, los Demas se autoexcluirán, los Ananías y Safiras serán siempre reprendidos y los magos de las finanzas como Simón, esos infaltables traficantes de dones y ministerios desaparecerán de entre nosotros ya que el comercio en la Iglesia habrá cesado a causa de tener un mismo sentir …
Debemos volver a la fuente que es el Señor y su Palabra…
Al equilibrio entre amor y justicia, entre misericordia y verdad…
En muchos lugares se ha olvidado que la Palabra de Dios aún dice que “estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan…” (Mt. 7: 14) porque el humanismo infiltrado en algunas enseñanzas pretenden ensancharlos al ignorar que quien dijo que la puerta es estrecha es el mismo que cuando abre una puerta nadie la cierra y que cuando en cambio la cierra nadie puede abrirla…
Estamos muy preocupados por la posibilidad que se despenalice el aborto, se legitime en todo el país la unión de personas del mismo sexo o se impongan contenidos inaceptables en la llamada “ley de educación sexual”…
Con ninguna de estas cosas estamos de acuerdo porque cada una de ellos son pecados manifiestos que la Palabra de Dios señala.
Pero ¿Será, acaso, que porque no estemos de acuerdo con una ley que despenalice el aborto y algunos gasten energías en tratar de impedir su promulgación, éstos dejarán de producirse en Argentina?
Prácticamente, por cada nacimiento hay un aborto y esto sin que exista ley alguna que lo legalice… No son las leyes penalizándolo o despenalizándolo lo que terminará con este abominable homicidio llamado aborto, sino el amor de Cristo instalado en el corazón de las personas que solo el evangelio trae.
¿Será acaso que porque no estemos de acuerdo con una ley que legitime la unión civil de personas del mismo sexo y algunos gasten energías en tratar de impedir su promulgación se evitará que quienes deseen vivir así lo hagan?
Las manifestaciones públicas de la condición homosexual, tanto de hombres como de mujeres crece anualmente en el mundo. Debemos comprender que la existencia de leyes que legitimen las uniones homosexuales, aún cuando son tan pecaminosas como lo que las motiva, no facilitarán su multiplicación y la ausencia de leyes favorables no evitará que ocurran… Porque no son las leyes las que impiden que el pecado crezca sino la presencia de Cristo en el corazón de las personas…
El aborto y la homosexualidad son una triste realidad en crecimiento que solo pueden ser detenidos por la predicación del evangelio y no por una militante oposición a leyes humanas que pretendan regular o modificar lo que ya el Señor dijo en su Palabra que ocurriría, al señalar que “los días (de la venida) del Hijo del Hombre serían como los días de Lot…”
¿No sería mejor que en lugar de manifestaciones públicas semejantes a las que puede hacer cualquier agrupación humana nos pusiéramos a predicar lo que ninguna de ellas puede?
Nosotros somos la Iglesia del Señor, su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.
¿Acaso no cumpliríamos mejor la tarea encomendada por el Señor si dejáramos los caminos del ecumenismo, del marketing religioso, del humanismo comercializado o de la tan ansiada participación política partidaria que algunos pretenden e invirtiéramos el tiempo en anunciar que todavía y por muy poco tiempo aún estará abierta la estrecha puerta que permite ingresar al angosto camino de salvación a quienes defienden el aborto, la homosexualidad o los discutibles contenidos de la ley de educación sexual en lugar de enfrentarlos…?
LA TRASCENDENCIA DE PENTECOSTÉS
“Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos”, la oración del Señor había sido respondida, en ese momento eran uno y por lo tanto se presentaba en su plenitud la condición para que el mundo creyera que Jesús había sido enviado por Dios Padre ya que “unánime” en griego significa “una misma mente”. Solo faltaba que el Señor cumpliera su promesa y fue así como “de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados… Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu les daba que hablasen… Y hecho este estruendo, se juntó la multitud… Y estaban atónitos y maravillados diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que hemos nacido?…” (Hechos 2: 2; 4; 6 - 8).
El día de Pentecostés se habla por primera vez en lenguas, pero no en misterios y para edificación propia como enseña el Apóstol Pablo (1ra. Corintios 14), sino que se habla en las lenguas propias de cada uno de los oyentes para proclamar las maravillas de Dios y testificar de Cristo pública y masivamente por primera vez.
De esta manera el Espíritu Santo hace escuchar el mensaje de salvación en los idiomas que hablaban las miles de personas que estaban para esa fiesta en la ciudad de Jerusalén…
Con esto comprobamos que quien habla en lenguas a sí mismo se edifica pero el que profetiza, en el sentido de predicación, edifica a la Iglesia…
El hablar en lenguas es una de las muchas bendiciones espirituales con las que la Iglesia ha sido provista para la edificación del espíritu de los creyentes y fue el camino que el Espíritu Santo de Dios utilizó para la primera y espontánea campaña de evangelización masiva que organizó.
El día de Pentecostés, el primer Pentecostés de la Iglesia, el Señor llenó con su Espíritu a la Iglesia y nuestros hermanos comenzaron a hablar en lenguas no naturales de ellos pero si naturales de quienes los escuchaban. No solo se estaba cumpliendo la promesa del Señor mientras el Padre respondía a su oración, se estaba dando claramente un mensaje a la Iglesia de lo que significaban las palabras del Señor cuando dijo: “me seréis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra” y en aquel momento se había llegado hasta lo último de la tierra en la persona de quienes desde lugares lejanos habían llegado a Jerusalén …
La multiforme sabiduría de Dios estaba actuando, dándose a conocer, predicando para salvación a quienes no sabían de Cristo, pero también enseñando a la Iglesia que ese mensaje debería alcanzar generación tras generación hasta lo último de la tierra …
Pentecostés es el inicio del ministerio terrenal del Espíritu Santo pero también es el inicio del ministerio de predicación del Evangelio por parte de la Iglesia …
Pentecostés tiene que ver con las lenguas, pero tiene que ver con la predicación del Evangelio de Salvación…
Tiene que ver con la edificación de la Iglesia pero tiene que ver con el testimonio de Cristo…
Tiene que ver con el “ser uno” de la Iglesia pero tiene que ver con la Promesa del Señor. Tiene que ver con lo que cada uno de nosotros debemos hacer y con lo que solo el Señor puede hacer…
Esto significa Pentecostés, esto es Pentecostés para la Iglesia del Señor…
Pentecostés no es solo una experiencia espiritual sino la condición imprescindible para poder realizar la única tarea que nos fue encomendada
Siempre que los creyentes estemos en obediencia a la Palabra de Dios contemplaremos el renovado cumplimiento del encuentro entre la Promesa y la respuesta a la Oración del Señor…
Hoy, a más de 1970 años de ese primer encuentro puede renovarse, hoy cien años después de Azuza puede suceder otra vez porque la experiencia pentecostal no depende de la inteligencia de los hombres sino de la fidelidad del Señor; no depende de la organización de los hombres sino de la obediencia a la Palabra de Dios; no depende de estrategias o propósitos humanos sino de la determinación del Señor por hacer que la salvación eterna alcance el corazón de los hombres que tanto la necesitan aunque no se den cuenta o la rechacen…
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